21 de abr. de 2011

AVANZA EXCAVACIÓN EN LA MESA DE LOS SANTOS



Panorámica del lugar de excavación en la Vereda Los Teres, del municipio de Los Santos.

La Universidad Industrial de Santander ha financiado una excavación en la Mesa de Los Santos, la cual está arrojando resultados que enriquecerán nuestro conocimiento sobre la cultura Guane. Les deseamos éxitos al equipo de investigación a cargo. En la fotografía, el arqueólogo Leonardo Moreno revisa el levantamiento de una cuadrícula.



Panorámica del recinto ceremonial guane excavado en una vereda del municipio de Los Santos. Una vez se produzca el informe de la investigación se publicarán los hallazgos.

2 de dic. de 2009

¿POR QUÉ LOS VIDEOS DE ZOOLÓGICOS IN-HUMANOS?

Los indios Guane, como todos nuestros ancestros, NO SON seres exóticos que hayan de ser exhibidos para satisfacer la curiosidad morbosa o la novelería de nadie. Sus restos humanos, sus obras de arte, sus vasijas rituales, sus mantas y cerámica deben ser protegidos de la guaquería y el tráfico comercial, sea legal o ilegal.

Los videos de Silvia Kuschnir muestran la suerte que corrieron varias familias de habitantes primigenios del Sur de nuestro continente; miremos en nuestro propio terruño: casi no se conserva nada de los Guane porque todo lo suyo ha ido a parar a colecciones privadas en Europa. Ni sus propias momias han sido respetadas. ¡Cuánto duele!

28 de nov. de 2009

ZOOLÓGICOS IN-HUMANOS (2)



Trabajo de Silvia Kuschnir. Rosario, Argentina

ZOOLÓGICOS IN-HUMANOS (1)



Trabajo de Silvia Kuschnir. Rosario, Argentina

6 de oct. de 2009

¿QUIÉN FUE JUAN DE CASTELLANOS?


“Castellanos fue el primer poeta que incorporó palabras indígenas a la lengua española”

Entrevista al periodista poeta y novelista William Ospina, por Mariana Cantero, realizada en Noviembre de 2007 en el periódico On Line TRIBUNA LATINA. Véase en: http://www.tribunalatina.com/es/viewer.php?IDN=5918 a propósito de su libro "Auroras de sangre (Editorial Norma).

William Ospina (Padua, Tolima, 1954) es escritor y traductor. Estudió Derecho y Ciencias Políticas en Cali (Colombia), pero abandonó la carrera para dedicarse a la literatura y al periodismo. Ospina es autor de varios libros de poemas y de distintos ensayos, entre ellos Aurelio Arturo (1991), Es tarde para el hombre (1994), Esos extraños prófugos de Occidente (1994), Los dones y los méritos (1995), Un álgebra embrujada (1996), ¿Dónde está la franja amarilla? (1997) y Las auroras de sangre (1999) que publica ahora en España y de cual habla en esta entrevista.

¿Cómo nació su fascinación por la figura de Juan de Castellanos?

Bueno, yo lo conocí ya hace unos quince años, cuando me pidieron hacer una historia de la poesía colombiana. En ese momento me asomé por primera vez a lo que había sido la poesía de los tiempos de la Conquista. Yo suponía que no había mucho que leer allí, pero cuando encontré la obra de Juan de Castellanos, conocida hasta entonces sobre todo como fuente de datos históricos, me encontré con que era un poema extraordinario. Tal vez sólo era posible advertir que era un poema extraordinario desde la perspectiva nuestra, contemporánea. Tal vez en el siglo XVI se lo podía ver más bien como una curiosidad literaria, porque no correspondía a los cánones de la época, a los parámetros de lo que era la poesía, ya sea en términos ornamentales, mitológicos o metafóricos. A él le importaba la realidad por sí misma, para él era digna de admiración y no era necesario adornarla, mejorarla ni corregirla. Él lo dice muy expresamente en su obra: “Porque las grandes cosas que yo digo su punto y su valor tienen consigo”. Cuando lo conocí no sólo quedé fascinado, sino que me propuse escribir un libro que rastreara su vida e intentara hacer una valoración de su obra a la luz de los criterios que tenemos hoy de la poesía, después de Whitman, Baudelaire, después de que tenemos una relación con el lenguaje un poco menos supersticiosa.

¿Cómo fue el proceso de realización del libro?¿Cómo se documentó?

Una primera dificultad fue encontrar la obra de Castellanos, porque no había sido suficientemente publicada. Pero había una edición completa que hizo la presidencia de Colombia en 1955. No es fácil de conseguir, pero se consigue todavía. Me apliqué a la lectura de la obra de Castellanos y a los comentarios sobre sus versos, y a partir de cierto momento tuve la necesidad de dedicarme por completo a esa tarea y hacer algunos viajes. Entonces vine a España, visité Andalucía, Alanís, el pueblo donde él nació, la Sierra morena, así como en Madrid la Biblioteca Nacional, la Real Academia de Historia, vi sus manuscritos y sentí un poco esa historia desde aquí, el otro extremo del hilo. Hice esto durante varios meses, y después volví a Colombia, donde escribí la parte final del libro en las tierras donde él vivió el final de su vida. Después tuve la oportunidad de viajar de nuevo a España, porque me invitaron a dar unas conferencias en los cursos de verano del Escorial, y corregí el libro finalmente cerca del Escorial.

Juan de Castellanos fue un incomprendido en su época...

Yo creo que no sólo fue un incomprendido en su época. Todavía en el siglo XIX los grandes críticos españoles consideraban que esa cantidad de palabras indígenas, esos nombres propios afeaban la sonoridad clásica de la lengua española, y que eso se podía tolerar en una crónica pero no en un poema.

La figura de Castellanos es la figura de un hombre que ha visto la barbarie de la Conquista. Pero usted rescata la vertiente más humana del personaje...

Sí, yo creo que a veces la severidad de Castellanos para juzgar algunos hechos de la Conquista pudo ser una de las causas de que se lo rechazara. Pero había un pecado grave que él cometía: y es que la barbarie de la conquista podía ser censurada por la crónica y por el discurso religioso, como el de Bartolomé de las Casas, pero que la poesía misma, que era considerada entonces la expresión superior del espíritu, lo más sublime, secundara esas críticas y nombrara toda esa atrocidad que había en la Conquista, tal vez no acababa de caber en el espíritu de la época. Esa debió de ser una de las muchas razones por las que se postergó su lectura y se aplazó la valoración de su obra.

Castellanos, ¿qué era?: ¿Un historiador, un poeta, un cronista?

Vivió las vidas múltiples que vivía un hombre en el siglo XVI. Fue un letrado, un viajero, un marinero, un comerciante de perlas, un minero, un guerrero, un clérigo, un cronista y un poeta. Un mosaico de muchas cosas. Lo que sí creo es que la poesía a la que dedicó la última parte de su vida resumió todas las otras: lo mostró a él como letrado y también como hombre del Renacimiento, con una gran cultura humanística, una gran curiosidad por el mundo y la capacidad de arraigar en tierras distintas a la que había nacido.Y la capacidad de aprender, que usted ha resaltado varias veces...Claro, porque él era un gran observador, cosa que caracterizaba a los hombres del Renacimiento. Ellos fueron los primeros que fueron a mirar el mundo. Leonardo da Vinci, León Battista Alberti, por ejemplo. Ellos no se imaginaban lo que iban a pintar, sino que iban a mirarlo. Aquella fue una época de grandes pinturas, de grandes frescos. El Renacimiento se caracterizó por su vocación abarcadora. Quería, en el arte, abarcarlo todo: todo tiene una aspiración de totalidad. Y Juan de Castellanos, en su relación con América, tuvo la misma aspiración: quería mostrarlo todo, y no sólo el gran panorama, sino cada uno de los detalles. A mí a veces se me antoja que uno podría definir su obra con una frase de El Aleph, de Borges, que dice: “Vi convexos desiertos ecuatoriales, y cada uno de sus granos de arena”.

También castellanos aprendió a nombrar lo que no tenía nombre...

Sí, y eso era especialmente difícil en aquel tiempo, porque la lengua castellana, una lengua muy rica, expresiva y madura, no tenía palabras para nombrar América y lo que era específicamente americano. Hay tal variedad de árboles, aves, insectos, animales, climas y geografías en América que la lengua española hecha para nombrar esta tierra europea no alcanzaba a abarcar todos los infinitos matices de esa paleta.Entonces Castellanos, como un hombre audaz que era en términos intelectuales, tomó prestadas palabras de las lenguas indígenas del Caribe y de los Andes para llamar a eso que no tenía nombre en castellano. Muchísimas palabras indígenas que también fueron usadas por los cronistas, fueron usadas por primera vez por Castellanos, un poeta de lengua española. Y no sólo palabras, sino también maneras de describir, porque aún con palabras españolas él hizo el esfuerzo por describir, encontrar equivalentes y nombrar. Esto era no sólo un trabajo, sino una alquimia. Así creo que es como se inició el mestizaje de la lengua. Y ese mestizaje naturalmente tenía que ser muy incomprendido en un primer momento.La lengua castellana tenía la aspiración no solamente de conquistar un mundo, sino también de persistir inalterable ella en él. Y eso no podía ser. Cuando la lengua entra en contacto con un territorio nuevo, ese territorio la llena de otra savia vital, de otra fuerza, de otra energía, de otros significados. Y bueno, si la literatura latinoamericana es hoy tan rica y poderosa y es capaz de convertirse en una de las más influyentes del mundo es porque en América ganó una fuerza nueva que ha sido capaz de influir, incluso, a la literatura española.

Complemento:

En el periódico "La Jornada" de Jalisco, dice William Ospina:

El poema de Juan de Castellanos es un poema histórico, muy minucioso, el más extenso de la lengua española. Lo escribió durante 35 años en Tunja (Colombia) después de una vida de aventurero por los mares del Caribe. El nació en Alanís, cerca de Sevilla, viajó muy temprano a América pero alcanzó a tener una formación humanística, a ser un buen lector de clásicos latinos. Después de esa vida aventurera se retiró y, posteriormente, inspirado por la obra de Ercilla, que había sido publicada poco antes, decidió hacer un poema pero ya no como Ercilla, al gusto de la Corte española, sino uno que trataba de abarcar a América en toda su complejidad, un poema que fue muy mal recibido por los académicos españoles. Pero Juan de Castellanos es el fundador de la poesía en por lo menos 10 países de América, un poeta de gran minuciosidad que se proponía cantar los destinos de algunos grandes personajes (el poema se llama Elegías de varones ilustres de Indias) pero, más allá de la voluntad del poeta, permitió el afloramiento del mundo americano. El estaba maravillado con la flora y la fauna, e inspirado por las crónicas de Fernández de Oviedo y los versos de Ercilla; hizo un poema muy original, en parte histórico, en parte una exploración de la naturaleza americana. Salvó para la memoria humana la sustancia de la conquista y el descubrimiento de vastísimas regiones del continente.

http://www.lajornadajalisco.com.mx/2007/11/19/

EL PUEBLO GUANE EN JUAN DE CASTELLANOS

JUAN DE CASTELLANOS
ELEGÍAS DE VARONES ILUSTRES DE INDIAS
CUARTA PARTE, CANTO UNDÉCIMO.


Por limitaciones de espacio se transcribe una mínima parte del canto. Se trata de la fuente primaria más cercana existente, en relación con la conquista del pueblo Guane por parte de la hueste de Martín Galeano.
Canto Undécimo
En el cual se da razón de la conquista de la provincia de Guane, y reencuentros que hubo en la pacificación della.
Corría, según cómputo cristiano,
año de tres quinientos y cuarenta,
al tiempo que el planeta más lozano
al pluvial Acuario se presenta,
veinteno día del bifronte Jano,
primero de los meses desta cuenta,
cuando partió la valerosa gente,
guiados a la parte del Oriente
en demanda de Guane, cuyas tierras
están del pueblo de los españoles
menos de veinte leguas de distancia.
Y aunque son grandemente pedregosas
las partes habitables deste suelo,
es amigable siempre su templanza
para conservación del individuo,
pues nunca frío ni calor da pena,
por ser desocupado de montañas
y visitallo saludables vientos
a su fertilidad nada contrarios.
Y ansí contiene virtuosas plantas
que producen en todos tiempos frutos
apacibles al gusto y a la vista,
y al olfato no menos agradables,
traspuestas en labranzas regadías
do guían por acequias aguas claras
que bajan de los altos murmurando
y se derivan por diversas partes
en toda la provincia, que contiene
de circuito más de doce leguas.

La cual hacia la parte del Oriente
viva peña tajada la rodea,
a quien llamamos cingla comúnmente,
que corre Norte Sur algo torcida
más espacio que dura la provincia;
pero por la frontera de los Guanes
río de Sogamoso la divide,
y corre furioso por sus tierras,
donde se junta con el de Suárez
y otro que Chalala tiene por nombre.

Cuyas corrientes van encaminadas
al río Grande de la Magdalena,
de suerte que por bajo de la cingla
al ocaso tenían sus asientos
estos Guanes, y encima de la cingla
sabanas rasas hay, pero desiertas,
excepto la que tienen más a mano
que llamamos la Mesa de Xerira,
fertilísimo campo y apacible,
igual, alegre, llano, raso, limpio;
cuya circunferencia tanteada
será compás de seis o siete leguas
ella sola, sin las colaterales,
que son grandes y amplísimas dehesas,
todas de tan propicias influencias
que si por españoles se poblaran
en aquella sazón y coyuntura,
conservando los indios naturales.

Tuvieran cumplimiento de regalos,
pues no faltara trigo ni cebada,
con las demás simientes de legumbres,
fructíferos vergeles y jardines
de las nativas plantas y extranjeras,
con todas las especies de ganados
al menester humano necesarios,
y viníferas viñas ansimismo
en partes que pudieran ser irríguas,
por ser esta llanada deleitosa
de cristalinas fuentes proveída
con aguas salutíferas que corren
al beneplácito de quien las guía,
y amiga la templanza del terreno
a la salud humana todo tiempo.

Y allí los moradores demás desto
tuvieran para colmo de contento
auríferos veneros por vecinos,
porque el río del oro que se labra
por Vélez y Pamplona les confina.
Y ansí Guanentá, rey desta comarca,
a quien los otros indios principales
por supremo Señor reconoscían
y daban vasallaje y obediencia,
en esta Mesa tuvo su vivienda,
por ser más apacibles estalajes
que los inferiores de la cingla;
aunque todos son unos y una lengua,
unas costumbres, ritos y ropaje
de telas de algodón, que van tejidas
con hilos variados en colores;
con una se rodean la cintura,
y otra que de los hombros va pendiente
al izquierdo trabada con un ñudo
dado con los extremos de la manta:
traje también común a las mujeres,
que por honestidad y más resguardo
usan debajo desto pampanillas,
con que cubren las partes impudentes
las casadas, porque las incorruptas
deste tercero velo son exentas.

Tienen disposicion y gallardía:
y es gente blanca, limpia, curiosa,
los rostros aguileños, y facciones
de linda y agraciada compostura:
y las que sirven a los españoles
es de maravillar cuán brevemente
toman el idioma castellano,
tan bien articulados los vocablos
como si les vinieran por herencia:
primor que yo jamás he visto
en las otras naciones de las Indias,
con haber visto muchas y diversas,
por ser los más ladinos balbucientes
en la pronunciación de nuestra lengua.

(...continúa...)

Se puede acceder al Canto undécimo completo en Google Docs, en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/Doc?docid=0ASAujSCvslrWZGRmZnpydnFfMTRnaGRiN2djcw&hl=es

29 de ago. de 2009

LA CONQUISTA DE LOS GUANE SEGÚN FRAY PEDRO SIMÓN

NOTICIAS HISTORIALES DE LAS CONQUISTAS DE TIERRA FIRME EN LAS INDIAS OCCIDENTALES. FRAY PEDRO SIMÓN. TOMO IV.

QUINTA NOTICIA HISTORIAL

CAPÍTULO IV

I. Por las noticias que tuvo el capitán Galiano de la provincia de Guane, salió con gente de la ciudad de Vélez y comenzó la conquista.
II. Pelea de nuestros españoles con el cacique Macaregua.
III. Alcanzan la victoria los nuestros y aposéntanse aquella noche en las casas del cacique.


Entre los soldados que estaban en la ciudad de Vélez, de los que habían venido a este Reino con el teniente general Nicolás de Federman, algunos habían militado con Ambrosio Alfínger, alemán, en aquella salida que hizo de la ciudad de Coro a Tamalameque, dando vuelta por la provincia de Guane a los páramos de Sirivitá, como largamente dejamos dicho en nuestra primera parte. Acordándose, pues, de estos rumbos, en especial Pedro Gutiérrez, echaron de ver por las demarcaciones que delimitaba cerca de esta ciudad al oriente, la provincia de Guane, que según la vieron llena de gente cuando pasaron por ella con Ambrosio Alfínger, les pareció ser de mucha consideración. Y así, con estas noticias, determinó el capitán Galiano, ya que veía sosegada la tierra, de tomar otras mayores para ir a buscar la de Guane, y teniéndolas y de su bondad y muchedumbre de gente, determinó ir a ella a su conquista, con la más y mejor que tenía en la ciudad.

Está la tierra de Guane distante de la ciudad de Vélez a la parte del este veinte leguas escasas, tierra pedregosa, seca y de buen temple, más caliente que fría, de buenos y saludables aires, por ser limpia de montaña y anegadizos que los suelen corromper. Tiene de circunferencia más de diez o doce leguas, que comienzan desde una singla o cordillera que corre norte-sur hacia la parte del este, la cual corta el río de Sogamoso, grande y furioso, para pasar al Río Grande de la Magdalena, recibiendo primero cerca de esta tierra de los guanes el río de Suárez, caudaloso, y otro que llaman Chalala, no tanto. Llegan sus términos por la parte del norte al Río del Oro, que se le puso el nombre que merecía, pues a tantos ha enriquecido, en especial de la ciudad de Pamplona, con lo mucho que le han sacado; aunque reduciendo a sus términos a esta provincia, sólo se extiende por allí el río de Sogamoso.

Danse en estas tierras toda suerte de ganados, con abundancia de granos y frutas de Castilla y naturales, en especial en una mesa alta, bien espaciosa, que llaman de Gérida, donde vivía el señor a quien los demás de la tierra reconocían por tal, llamado Guanentá. Son los indios bien dispuestos, de buenas caras y más blancos que colorados. Vístense de mantas, del mucho y buen algodón que crían, una ceñida y otra como por capa anudada, con las dos puntas encima del hombro izquierdo. Las mujeres son de muy buen parecer, blancas y bien dispuestas y más amorosas de lo que era menester, en especial para con los españoles, atinosas para todo y tan fácil en aprender nuestra lengua castellana, que en dos o tres meses suelen salir tan ladinas y hablarla con tanta propiedad como un hijo de un mercader de Toledo.
Para continuar la lectura de esta crónica, debe utilizar el siguiente enlace.

16 de ago. de 2009

LA INVENCIÓN DE LA IDENTIDAD GUANE (fragmento)

Polémico artículo sobre nuestra identidad Guane.

La invención de la identidad

Muy rápidamente hemos mencionado al principio la problemática necesidad en Hispanoamérica de vertebrar unos referentes suficientes con los que construir la identidad colectiva de los distintos estados. Problemática no sólo por la cuestión histórica —como sociedades escindidas de metrópolis europeas—, sino también racial. La pigmentación se convierte en habitual elemento de clasificación social, en clara contradicción con toda la invocación oficial de mestizaje, siendo conocido cómo las élites económico-sociales se reivindican «blancas» aun cuando no quieran directamente invocar con ello el nombre de España. Hemos podido comprobar in situ no sólo este desprecio a la tez morena, cuidándose las niñas-bien del sol en las horas de más fuerza, sino en el menosprecio de apellidos de resonancia indígena que parecen oscurecer la piel más pálida. La particularidad del caso Guane viene por una lectura interesada de ciertos textos de la crónica con lo que se pretende reivindicar unos indios blancos, en una suerte de exorcismo del racismo de élite, como si fuera éste —en apariencia— un intento de reivindicación blanca de todos los estratos sociales.


No es difícil oír en este departamento la afirmación «somos los más blancos de Colombia», las justificaciones a esta idea vienen desde sostener la masiva presencia de europeos durante la conquista hasta manipular las insoslayables presencias indígenas en sus ancestros. Así se produce la invocación del texto de fray Pedro Simón cuando afirma de los Guane (…) tienen disposición y gallardía; y es gente blanca, limpia, curiosa, los rostros aguileños, y facciones de linda y apreciada compostura. De agradables facciones para el español, el clérigo se queja del exceso de amabilidad y docilidad de las indias para con los españoles (¿qué mujer no es agradable a los ojos de todo invasor guerrero desde la noche de los tiempos?), tales datos se usa para resaltar la peculiaridad racial de los indígenas y su rápida mezcla/unión con el español, en una suerte de rápida europeización que vendría consolidar su emblanquecimiento natural. Estos particulares indios blancos, sirven también como intento de soslayar la evidente contradicción entre la negación a lo español —habida desde el momento de la independencia, virulenta en algunas épocas, pues al tratar de fortalecer un sentimiento nacionalista se fundaron en la idea de que todos los males, desgracias y pobrezas provenían de España— y la reivindicación de la blancura racial, que sin la presencia europea sería difícil de justificar.

El otro elemento de reivindicación de los Guane es su supuesto carácter guerrero, habida cuenta de los hechos puntuales de resistencia que los textos históricos recogen, interpretando su propia desaparición física fruto de su enfrentamiento al invasor. Con ello se trata de dibujar un carácter nacional genético, merced al cual no poca de la violencia cotidiana del departamento santandereano se justificaría cuasi biológicamente, algo muy en relación con valores masculinos como bravura, fuerza, violencia, etc. —el rol del macho, en definitiva—.


Nos encontramos, por tanto, con un claro intento de configuración de una imagen propia supuestamente nueva e integradora. La elaboración de un nuevo imaginario colectivo en el que reconocerse aun cuando resulte paradójicamente negacionista, ya que se presenta recubierto de las galas y tules de lo que parece conciliación social —todos blancos—, superando para ello el tradicional enfrentamiento historiográfico con lo español por ignorancia del mismo, pero que en ningún caso lleva a rechazar las bases de clasificación racial existentes en la sociedad colombiana, derivando negativamente tal aserto a un supuesto origen conciliador con estos «indios blancos», algo que la propia percepción visual niega cotidianamente, —y todo ello sin mencionar a la abundante población negra, particularmente numerosa en la costa—. Más parece, por tanto, un nuevo intento de las élites sociales de construirse un cierto pasado indígena en tiempos de revalorización de lo histórico y de las culturas nativas, todo lo cual, sin embargo, contribuye al sostenimiento y perpetuación de las viejas clasificaciones raciales de la Colonia.

Véase el artículo completo en:
o en Google Docs:

2 de ago. de 2009

TUMBAS INACCESIBLES DE LOS GUANE







Los Guane rara vez acompañaron sus enterramientos con prendas de oro. Sin embargo, la codicia de los guaqueros ha provocado enorme destrucción de los restos funerarios de los Guane, a pesar de hallarse en sitios casi inaccesibles, como se muestra en las imágenes.



VESTIGIOS FUNERARIOS DE LOS GUANE











La exhibición de la imagen superior se halla en la Casa de la Cultura Piedra del Sol, de Floridablanca.
La segunda imagen corresponde a la momia que se conserva en el Museo Paleontológico y Antropológico del municipio de Guane.
La tercera imagen es de la momia Guane guardada en la Casa del Marqués de San Jorge en Bogotá. Esta momia evidencia la presencia de Tuberculosis en la América precolombina.
La imagen inferior es del cráneo momificado exhibido en el Museo Guane del Parque Nacional del Chicamocha y muestra la deformación craneana que practicaban los Guane.

INFOGRAMAS SOBRE LOS GUANES












La infografía museística es de enorme importancia para la formación/información del público. Sobre nuestros antepasados Guane existen pocos trabajos de representación sustentada documentalmente, de su fisonomía, su vivienda, su vida cotidiana. El aporte de PANACHI en tal sentido en encomiable.


Fotografías de Francisco Penagos.



CERÁMICA DEL MUSEO GUANE EN PANACHI






















El Parque Nacional del Chicamocha -PANACHI- cuenta con su propio museo arqueológico de la cultura Guane, con una rica muestra de cerámica. Las fotografías aquí expuestas son propiedad de Francisco Penagos, uno de los más asiduos colaboradores de la página SKYCRAPERCITY con el login «Don Pacho»; las fotografías se hallan originalmente en la siguiente dirección:






13 de jul. de 2009

LOS PRIMEROS INDIOS GUANE - HALLAZGOS EN EL SITIO PALOGORDO




En primer plano, el sitio Palogordo, Vereda El Espinal, Municipio de Villanueva. Panorámica actual del sitio donde se realizó la excavación de Lleras y Vargas. Al fondo se observa la Mesa de Los Santos, al otro lado del río Chicamocha.
«PALOGORDO - La prehistoria de Santander en los Andes Orientales»


(Fragmentos del informe)
Por: ROBERTO LLERAS PÉREZ y ARTURO VARGAS ESCOBAR.



(...)

Gracias a las investigaciones arqueológicas realizadas tenemos un panorama parcial de la vida en una aldea Guane en el período que hemos denominado temprano y que está comprendido entre los siglos IX y XII de nuestra era.
Las viviendas se organizaron en forma dispersa sobre áreas muy extensas utilizando las escasas áreas planas correspondientes a las terrazas del cañón del río Chicamocha, en el cual prima un clima árido con vegetación subxerofítica y condiciones muy deficientes para el desarrollo de las labores agrícolas; este, no obstante, brinda la posibilidad de un rápido acceso a diferentes pisos térmicos, desde el cálido en las terrazas inferiores a la orilla del río hasta el templado en las mesetas de Barichara y Los Santos. La ubicación sobre el cañón del Chicamocha les permitió además una comunicación rápida con las diversas etnias chibchas asentadas en esta región que se ha denominado, con razón, como una área de confluencia.

Parece que inicialmente el terreno sobre el cual se construyeron las viviendas no recibió una adecuación especial; la posterior acumulación de desechos sobre el piso de la vivienda elevó el nivel de este, dando lugar a la creación de plataformas cuya elevación sobre el terreno circundante puede alcanzar los 50 cm. En la actualidad las plataformas se han erosionado en el perímetro presentando el aspecto de montículos redondeados. Los habitantes de la aldea enterraron a sus muertos dentro del espacio doméstico sin que esto conllevara el abandono temporal o permanente de la vivienda; solamente se produjo el desplazamiento de las áreas de actividad doméstica hacia sectores no ocupados por enterramientos. No se detectaron tampoco dentro de la vivienda áreas que evidenciaran una actividad específica sino que, por el contrario, la talla de piedra, concha y hueso y uso de cerámica se realizó indistintamente en toda el área.

No poseemos mayor información respecto al tipo físico de los habitantes de Palogordo; solo podemos inferir, con base en los escasos restos óseos, una estatura media y una complexión mas bien delgada. Sorprende la proporción de enterramientos correspondientes a niños y jóvenes, lo cual podría interpretarse como evidencia de una mortalidad inusualmente alta en los grupos de edad que van de 0 a 20 años. No obstante, la población analizada es muy pequeña y los datos sobre edad no suficientemente confiables como para poder asegurar la existencia de un fenómeno de este tipo. Aún así, cabe señalar que las condiciones nutricionales no debieron ser ventajosas: hay, sin duda, una relativa escasez de tierras agrícolas vecinas y, sorprendentemente algunas tierras planas cercanas no se utilizaron en absoluto. Ciertamente se consumió maíz en varias formas y otros granos y tubérculos como lo demuestra la existencia de metates y otros instrumentos líticos para triturar, pero no aparecen estos artefactos en las cantidades que podrían esperarse cuando existe un consumo masivo.

Las necesidades de proteínas animales fueron suplidas mediante la cacería y recolección de algunas especies, aun cuando el repertorio existente en el registro arqueológico es restringido y se dejaron de utilizar algunas especies que existían en la región desde esa época, tales como el conejo y el fara, entre otros. Una de las presas de caza más frecuentemente utilizada fue el venado de cola blanca; complementariamente se consumieron ratones, pequeñas iguanas, aves y cangrejos. Se recolectaron y consumieron en abundancia los caracoles terrestres, cuya presencia es indicativa de plagas que pudieron afectar las cosechas.

Fragmentos de huesos y esqueleto dérmico de armadillos así como conchas de caracol fueron usados para tallar artefactos y adornos personales. En este tipo de industria, así como en la lítica la característica principal es la elaboración expeditiva de artefactos sin retoques a los cuales sólo se les realizaron las modificaciones indispensables para adaptarlos al uso. En la industria lítica hay una moderada cantidad de artefactos multifuncionales cuya elaboración es igualmente tosca.

Al morir los habitantes de Palogordo no llevaron a sus sencillas sepulturas prácticamente ningún objeto; solamente en uno de los casos se encontró un collar formado por cuentas de diversos materiales como ajuar. Los no-natos o neonatos que murieron fueron colocados dentro de vasijas domésticas con huellas de uso, otros individuos jóvenes se acompañaron de fragmentos, más o menos grandes, de vasijas también domésticas. Casi invariablemente los individuos se enterraron en dirección este-oeste y en posición flexada.

No hay, tampoco, en el registro arqueológico evidencias que nos indiquen que este sencillo modo de vida aldeano se vio, en alguna forma, afectado por la influencia de culturas externas. Esto no quiere decir, por supuesto, que la aldea de Palogordo estuviese aislada del contexto cultural del área Guane o del complejo de los Andes Orientales ya que las características del material cerámico han permitido aclarar estos nexos y situar dentro del panorama arqueológico regional la prehistoria de esta zona.

En la extensa región que se ha ido conociendo dentro de la literatura arqueológica como Andes Orientales, dos regiones extremas han sido investigadas en detalle: el altiplano cundiboyacense y la parte central de la Sierra Nevada de Mérida (especialmente la cuenca del río Chama). Al intentar comprender en conjunto esta cadena de culturas relacionadas lingüísticamente es importante tener información sobre todas ellas y, en especial sobre las que ocupan lugares geográficos intermedios. La región de los cañones del Chicamocha, Suárez y Fonce y las mesetas de Barichara, Los Santos y Bucaramanga, ocupada desde aproximadamente en el siglo IX por la etnia Guane, es precisamente una de esas áreas intermedias cuyo estudio reviste tanta importancia.

En un artículo anterior (Lleras, 1989 b) se esbozó la idea de la existencia de dos diferentes fases de desarrollo en el período Guane; una fase temprana que se inicia alrededor del siglo VIII o IX d. C. y dura hasta el siglo XIII y una fase tardía que arranca a partir de ese momento y dura hasta la época de la conquista española en el siglo XVI. Estas fases pueden detectarse con claridad en la cerámica arqueológica que se divide en dos grandes complejos, el temprano y el tardío, cuya cronología, características tecnológicas y formales y distribución espacial son claramente diferenciables.

(...) (... Hay textos que no se han incluido aquí...)

En Santander los dos grandes complejos cerámicos y las dos fases que ellos definen, representan a nivel regional la prehistoria de los Andes Orientales. En la primera fase, que hemos denominado Guane temprano, es evidente un estrecho parentesco con la cerámica del patrón andino venezolano y con el complejo Ranchoide (Ardila, 1988). En especial el tipo Los Santos Carmelito burdo presenta notables similitudes con la cerámica doméstica procedente de la parte alta de la Sierra Nevada de Mérida; también se pueden correlacionar algunas de sus características, en especial el borde doblado con los tipos domésticos del Complejo Portacelli cuyas fechas son algo más antiguas. La mayor antigüedad de una cerámica relacionada (Portacelli en el complejo Ranchoide) en la península de la Guajira y cuenca del lago de Maracaibo parece apoyar la idea de una migración de los grupos chibchas a partir de las tierras bajas del litoral Caribe hacia los Andes Colombo-Venezolanos en la segunda mitad del primer milenio de nuestra era. También la cerámica ceremonial del complejo Guane temprano (Villanueva Ocre sobre Crema-negro) guarda relaciones con complejos y tipos de las tierras bajas del litoral caribe y la Serranía de Mérida; en este caso con el tipo Cocos Blanca pintada del Complejo Ranchoide y con la Serie Tierroide en Venezuela.

La segunda fase o Guane tardío muestra una muy fuerte influencia del complejo Muisca cuya área de dispersión situada inmediatamente al sur se sobralapa con frecuencia con la de éste. Se conservan, por supuesto, elementos importantes del complejo temprano y es posible, incluso, que el tipo Los Santos Carmelito burdo se siguiera manufacturando en una forma ligeramente modificada como cerámica doméstica: será necesario clarificar este asunto mediante la excavación de sitios de habitación tardíos. Parece ser que la mica, incluida en la pasta o en un baño de agua arcillosa, desaparece como elemento decorativo y desgrasante, pero las formas y los motivos básicos de decoración del tipo Los Santos Micáceo fino son adoptados por el tipo Chicamocha Inciso-impreso que se hace extremadamente popular y amplía su dispersión sobre una extensa región (ver Pérez, en proceso). Del tipo Villanueva Ocre sobre crema-negro al Oiba Rojo sobre Rojo-naranja se transfieren algunas de las formas principales (múcura, copa) aún cuando el tipo tardío registra una mayor variedad y experimentación en las formas. También hay una notable continuidad en la técnica y motivos decorativos. En el aspecto en que se registra un cambio más fuerte es en las condiciones de manufactura: hay un drástico retroceso en el control de las condiciones de cocción pasando de una cerámica muy dura y compacta a una frágil, laminar y erosionable.

La transición entre el Guane temprano y el tardío debió operarse en una forma gradual, aun cuando todavía no tenemos evidencias atribuibles a una época de transición. Alrededor de finales del siglo XIII se dejaron de manufacturar los tipos Micaceos y Villanueva Ocre sobre Crema-negro y se inició la producción del Oiba Rojo sobre Rojo-naranja y el Chicamocha Inciso-impreso. Simultáneamente cambió el patrón de enterramiento pasando de las tumbas de fosa sencilla a las tumbas de pozo y cámara lateral y los enterramientos comenzaron a ser acompañados de un ajuar más abundante. Es probable que el cambio se registrara también a nivel de la industria textil como parecen probarlo algunos hallazgos recientemente fechados.

La transición al período tardío también representó para la etnia Guane una expansión territorial y el dominio compartido de sectores extraterritoriales (Lleras, 1989 a). A la vez se operó un cambio en la dirección predominante de intercambio y contacto cultural; en el Guane temprano son, como ya mencionamos, fundamentales las relaciones con las regiones al norte y oriente (Macizo de Santurbán, Guajira, Cuenca de Maracaibo, Sierra Nevada de Mérida y Sierra Nevada del Cocuy). Por el contrario en el Guane tardío los hallazgos arqueológicos y los datos etnohistóricos muestran una fuerte relación con el valle del Magdalena por el occidente y con el altiplano cundiboyacense por el sur. Un cambio así podría explicarse por la atracción que habrían generado en la fase temprana el norte como foco de migración y en el período tardío el sur como centro de la etnia chibcha de mayor poder y desarrollo: la muisca.

La hipótesis aquí planteada es, por supuesto, tan solo una primera aproximación a la interpretación del muy complejo panorama cultural de los Andes Orientales en uno de sus sectores. Lo más importante, por ahora, es desechar los esquemas simplistas que han primado y según los cuales sólo ha existido un período Guane, homogéneo e inalterado de principio a fin. La comprensión de cómo se desarrollaron estos cambios en los territorios Chitarero y Lache permitirá complementar el cuadro del desarrollo de los Andes Orientales.

GORRO GUANE DE HILO DE ALGODÓN


Este gorro de algodón se exhibe en el Museo del Oro del Banco de la República

MOCHILA GUANE DE HILO DE ALGODÓN


Esta mochila se exhibe en el Museo del Oro del Banco de la República

MOMIA GUANE

Momia Guane exhibida en el Museo del Oro del Banco de la República

LIBRO RECOMENDADO

ASÍ ERAMOS LOS MUISCAS

Giraldo de Puech María de la Luz. Así éramos los Muiscas. Bogotá: Banco de la República; Fundación de Investigaciones, 1986.


Se trata de un libro virtual para niños acerca de los Muiscas. La etnia muisca habitó la meseta andina colombiana (altiplano cundiboyacense) y fue por lo tanto vecina geográfica de los indios Guane, con quienes comparte rasgos linguísticos y de cultura material. Disponible en la dirección web (actualizada en 21 Abril 2011):
http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/ninos/muisca/muisca0.htm

15 de ene. de 2009

AL RESCATE DEL TESORO GUANE


Por: Pastor Virviescas Gómez / Especial para El Espectador - 24 Nov 2008
Santander se enfrenta a una carrera contra el tiempo, mientras los guaqueros siguen haciendo de las suyas. El arqueólogo Gilberto Cadavid no sólo hace sonar las alarmas sino que está dispuesto a liderar la batalla.

El arqueólogo que en 1976 descubrió Ciudad Perdida, en la Sierra Nevada de Santa Marta, emprende ahora una nueva misión: elaborar el inventario y salvar el patrimonio de los Guanes, el pueblo indígena que habitó el departamento de Santander antes de que llegaran los depredadores españoles.
Gilberto Cadavid es el hombre que pasará a la historia por haber localizado y rescatado para la humanidad el lugar llamado Buritaca 200. Ya jubilado del Instituto Colombiano de Antropología (Ican), este infatigable científico de mediana estatura ahora quiere realizar el trabajo más completo que sobre el pueblo Guane se haya hecho, pero su tarea se convierte en una compleja lucha en la que aparte de competir con los guaqueros y tratar de concienciar a quienes se prestan para comprar esas piezas del patrimonio regional, debe tocar puertas para buscar los recursos económicos que le permitan seguir adelante.
Ya ha dado pasos como el del montaje del Museo Guane en el Parque Nacional del Chicamocha, la clasificación de 609 piezas que la universidad Unab adquirió de un finquero que las extrajo del municipio de Oiba, así como el asesoramiento al padre Daniel Carreño, quien dirige el museo del corregimiento de Guane (Barichara).
Pero Cadavid piensa más allá y afirma que si las entidades departamentales y municipales no se involucran y financian su iniciativa, entonces acudirá a la empresa privada o particulares sensibles a esta iniciativa con la que está ligado por haber vivido en El Socorro mientras su papá se desempeñaba como comandante del Batallón Galán y alcalde militar en esa población.
Admite que su cariño por Santander lo motiva volver a ponerse el overol, untarse de polvo y barro, y con una paciencia infinita armarse de brocha y pincel, para seguir la huella de los Guanes desde la Mesa de los Santos hasta el lugar más recóndito de la geografía del oriente de Colombia donde haya evidencia de que estuvieron esos hombres y mujeres que pagaron con sus vidas la arremetida de los invasores.
“Hace falta recuperar mucha información de la cultura Guane y lamentablemente observo que Santander es una de las zonas más activas en guaquería en todo el país debido a su riqueza en sitios de enterramiento que es donde se encuentra el material más completo”, dice Cadavid.
Un boom de la guaquería -actividad prohibida por ley- que no es un fenómeno reciente, sino que viene de varias décadas atrás ante la mirada pasiva de unas autoridades que no hacen nada para evitarlo y de unos compradores inescrupulosos que adquieren las piezas para decorar las salas de sus casas o lucrarse vendiéndolas en el exterior.
Llegándose a extremos como el del municipio de Oiba donde particulares han recurrido inclusive a maquinaria pesada para localizar material cerámico, con la consecuencia de que se destruye todo el contexto y se pierde la información. “Tendríamos piezas que se pueden exponer, pero no se sabe en qué momento las utilizaron y cuál fue su relación con los otros elementos. Es como armar un rompecabezas bastante complejo y esta opción se pierde con la guaquería”, advierte Cadavid.
Este investigador sostiene que “lo único que nos dice la olla expuesta en una vitrina es que eran unos ceramistas muy buenos, que lograron una técnica depurada para la fabricación de cerámica y tuvieron este comercio con otras tribus circunvecinas, pero este elemento ya se pierde porque estaba dentro de un contexto. Si se encontró en un entorno funerario, por ejemplo, seguramente estaba con unos restos humanos, había textiles y en los recipientes cerámicos se encontraban restos de comida para el tránsito hacia la otra vida, que se pudieran haber investigado para determinar su contenido”.
Como los conquistadores españoles que sólo perseguían el oro, los guaqueros contemporáneos desenfardan los cadáveres que encuentran envueltos entre cobijas y empacados dentro de una mochila funeraria, generalmente de fique. Estos delincuentes desamarran y botan lo que no les sirve, sin el reparo de que todo ese material forma parte de un contexto y que su estudio permitiría establecer a qué edad murió la persona, cuáles fueron las causas, determinar sus rasgos y en general toda la información que las nuevas técnicas de la antropología forense permite obtener para reconstruir en buena parte la cultura Guane.
Una cultura, en concepto de Cadavid, mucho más avanzada que sus vecinos Muiscas, echando por el piso la opinión errada de que los Guanes se limitaron a poblar las vegas de los ríos, considerándolos un apéndice perdido en Santander de los segundos, que fueron más numerosos pero no ofrecieron la resistencia heroica que sí dieron los Guanes para evitar su conquista. Y es que los españoles en su política de ‘tierra arrasada’ alcanzaron a notar diferencias notables en cuanto al físico: “Los Guanes eran mucho más altos, más blancos y se destacaba la belleza de la mujer, además de su facilidad de aprender el idioma castellano en poco tiempo”, asevera Cadavid.
La falta de investigación específica ha llevado a que hoy día no se sepa cuántos habitantes conformaron este pueblo, ni de donde pudieron migrar; tampoco cuándo se establecieron y en qué momento comenzaron a conformarse como una cultura sólida y a extender su territorio. Un conjunto inmenso de datos que únicamente puede responder la arqueología, porque lo que se tiene es una visión del momento de contacto con los invasores y de ahí para adelante hasta su desaparición, “pero hacia atrás desconocemos prácticamente todo. Hay muy pocos trabajos”.
Las tumbas Guanes son abundantes en armas, textiles y momias por las condiciones medioambientales favorables, pero Cadavid denuncia que prácticamente todas las cuevas de la Mesa de los Santos han sido saqueadas. “Ojalá algún día encontremos una cueva en la que podamos hacer un estudio completo que nos proporcione datos invaluables”, dice.
Una de sus primeras ideas es que en la Mesa de los Santos se declare un área de reserva dado que allí había más de 500 hectáreas de terrazas de cultivo, un hecho inusual en el territorio precolombino (salvo en los ríos San Jorge y Sinú, y la Sierra Nevada) que indica un desarrollo avanzado de la agricultura y la necesidad de producir intensivamente con mejoramiento de suelos y regadío. Sin embargo, esta planicie se convirtió en las últimas décadas en uno de los lugares preferidos por las familias adineradas de Bucaramanga, que construyen allí sus fincas de recreo o aran los terrenos sin tener la más remota idea de que están destruyendo sus propias raíces al no distinguir los cortes escalonados que permitían la circulación del agua sin causar problemas de erosión.
Este arqueólogo tiene claro que la Gobernación de Santander y las Alcaldías deberían disponer el presupuesto necesario, que no es una cantidad de dinero considerable. “Con lo que un arqueólogo y su equipo trabajan durante un año, sale mucho más barato que construir cien metros de carretera y es algo que queda para beneficio de toda la comunidad”, señala Cadavid, quien también espera encontrar eco en otras universidades que colaboren.
Lo que sí no quiere volver a escuchar de exploradores inexpertos o guaqueros, es que le digan: “Pues sí topamos un poco de momias, pero las desengolvimos, sacamos la tela y los güesos los botamos al precipicio”.
La herencia
El arqueólogo Gilberto Cadavid asegura que el temperamento aguerrido y el regionalismo de los que dan muestras los santandereanos, no es propiamente un legado de príncipes o condes europeos. “La persistencia y la capacidad de lucha es una herencia de los Guanes”, dice y complementa: “La aridez ha hecho que los habitantes desde estas tierras defiendan más lo que es suyo y de ahí su temple aguerrido”.
Pero este hombre que considera únicos los tejidos Guanes y excelentes sus cerámicas, insiste: “Santander siendo tan rico en información, poco se ha trabajado”.

9 de nov. de 2008

CASA DE LA CULTURA «PIEDRA DEL SOL»

Presentación del video "El enigma rupestre de los Guanes" (UNAB-CCPS)




Explicación del coordinador del museo (Octavio Toloza)




Interior del museo




Petroglifos de la "Piedra del Sol"



VISITA AL MUSEO ANTROPOLÓGICO REGIONAL GUANE
CASA DE LA CULTURA "PIEDRA DEL SOL"
JUEVES 6 DE NOVIEMBRE DE 2008

26 de oct. de 2008

PRELIMINAR HISTORIA DE LA ETNIA GUANE

Por: Armando Martínez Garnica

Doctor en Historia. Docente de la Universidad Industrial de Santander

A los cronistas españoles que se avecindaron en las ciudades de Tunja y Santafé durante el primer siglo del transtierro hispano a las tierras neogranadinas debemos las primeras noticias sobre la fisonomía y la .configuración social de la etnia Guane. Es bien conocido el verso del beneficiado de Tunja, don Juan de Castellanos, según el cual los Guanes:

"tienen disposición y gallardía,/

y es gente blanca, limpia, curiosa,/

los rostros aguileños, y facciones/

de linda y agraciada compostura;/

y las que sirven a los españoles/

es de maravillar cuan brevemente/

toman el idioma castellano,/

tan bien articulado los vocablos/

como si les viniera por herencia".

Parafraseando de variados modos a esos cronistas españoles, los historiadores han repetido las escasas noticias disponibles sobre uno de los grupos étnicos más singulares de cuantos habitaban en el actual territorio de Santander en el momento en que se produjo la llegada de los soldados españoles.

Siglos más tarde, a partir de la década de 1940, cuando los hermanos Bárcenas descubrieron accidentalmente la cueva de Indios en la Mesa de los Santos, un grupo de investigadores, arqueólogos e historiadores comenzaron a abrir el archivo de la tierra para rescatar vestigios que dieran fe de la existencia de la etnia Guane. Fue entonces cuando el profesor Justus Wolfram Schottelius (1892-1941), Conservador de Arqueología del Museo Nacional, realizó la primera prospección científica en el cementerio indígena de los Santos y elaboró un valioso informe que se constituyó en la pieza clave para los futuros estudios llevados a cabo por los historiadores: Martín Carvajal Bautista, Mario Acevedo Díaz, Horacio Rodríguez Plata, Gabriel Giraldo Jaramillo, Miguel Such Martín e Isaías Ardila Díaz. Treinta años después (1970-1972), el equipo de arqueólogos dirigido por Donald Sutherland realizó exploraciones en una amplia zona del área Guane vecina de San Gil. Las prospecciones se ampliaron con los trabajos llevados a cabo por los arqueólogos Gilberto Cadavid, Jorge Morales, Alvaro Chaves Mendoza, Arturo Vargas y Roberto Lleras. Finalmente en 1988 el hallazgo de la Cueva de El Conde notificado por Humberto Castellanos a la Academia de Historia de Santander, permitió rescatar 95 fragmentos de material textil, los 'cuales fueron analizados por la antropóloga Marianne Cárdale de Schrimpff y la restauradora Emilia Cortés.

El esfuerzo mancomunado de muchas personas no ha sido en vano, pues el acopio de las nuevas fuentes arqueológicas está propiciando la escritura de una historia más científica de la etnia Guane. Hasta ahora, los residuos humanos y culturales de los Guanes han sido extraídos de la Mesa de los Santos (Los Indios, El Conde, El Duende, La Loma), de sitios diseminados de inhumación de cadáveres (Curití, Barichara, Guapotá, Oiba, Charalá, Encino) y de asentamientos identificados (Los Teres, Garbanzal, San Rafael y Ventorrillo en la Mesa de los Santos, y Palo Gordo en Villanueva). En donde se han encontrado, en primer lugar, cráneos y huesos humanos, cuyo examen arqueobiológico (José V. Rodríguez, 1991) ha permitido identificar la rara fisonomía de los Guanes. También gran cantidad de residuos cerámicos, cuya tipología ha sido reducida por los arqueólogos (Lleras y Vargas, 1990) a seis clases agrupadas en dos estadios del desarrollo social.

Por otra parte, se han rescatado 214 fragmentos de tejido de algodón, fique y cabello humano, entre los cuales sobresalen mantas tejidas o pintadas, gorros, mochilas, fajas y fardos. Dos muestras de tejido procedentes de la Cueva El Conde (Mesa de los Santos), sometidas al análisis de la prueba de carbono radiactivo (C14) arrojan como fecha de factura los años 1090 y 1450 d.C.

También se han registrado gran cantidad de dibujos rupestres, cuya explicación sigue siendo un enigma por resolver. En muchos sitios se han localizado abundantes artefactos de piedra para el trabajo doméstico y objetos de la artesanía doméstica. Por último la distribución de las huellas de viviendas indican que la pauta del asentamiento de los Guanes era la de viviendas dispersas en áreas muy extensas. En los fogones domésticos se han localizado las huellas de sus fuentes básicas de proteína animal: venado de cola blanca, armadillo, ratón, aves, iguánidos, cangrejos y caracoles. A ellas debe agregarse la ingestión de hormigas culonas que registraron los cronistas.

El Aspecto Físico

El aspecto físico de los Guanes era singular si se le compara con todos sus vecinos, pero especialmente con quienes hasta ahora se consideraban bastante afines: los Muiscas del sur de su territorio. La rareza del Guane es su caja craneal demasiado baja, su rostro poco ancho y perfilado, dada la nariz aguileña y angosta, así como unos pómulos menos sobresalientes si se comparan con los de los demás grupos vecinos. Los arqueobiólogos designan este conjunto de rasgos con la palabra caucasoide, ligada a la cual está una piel con baja pigmentación ("blanca") y una estatura más grácil y elevada. Como defecto, la dentadura típica del guane presenta mayor índice de caries que la de un muisca. Por estas características morfológicas de la cara y su nariz, el grupo caucasoide llamado Guane es único en el territorio colombiano de los tiempos prehispánicos. La hipótesis biológica que se ha empleado para interpretar a esta peculiaridad de los rasgos "guanoides" se funda en la idea de una deriva genética que habría sido propiciada por una población relativamente poco densa en un territorio naturalmente aislado, la cual habría hecho saltar y fijar en este grupo los genes caucasoides que lo definen.

La Lengua

El tema de la lengua de los Guanes, cuya sobrevivencia está apenas constituida por decenas de toponímicos y apellidos, sigue siendo un enigma. La propia palabra guane que nombra a este peculiar grupo étnico seguramente no pertenecía a su lengua. Los guías muiscas que guiaron a las huestes de Martín Galeano probablemente introdujeron la costumbre de consultar el vocabulario chibcha para asignar los contenidos semánticos a las palabras guanes.

Desafortunadamente, fray Alonso Ortiz Galeano O.P. se llevó a la tumba el saber lingüístico que su nodriza guane, le había enseñado cuando lo crió en el Río del Oro. Así pues, a menos que sea encontrado algún vocabulario o gramática de esta lengua cualquier interpretación es solamente un acertijo.

El Territorio

Los límites del territorio ocupado por los Guanes cuando fueron encontrados por los españoles, pueden fijarse: por el sur, con el curso del río Oibita, prolongando imaginariamente sus extremos hacia la quebrada Macaligua; al occidente y al oriente, por el curso alto del río Pienta, justo allí donde recibe los caudales del río Guacha y la quebrada que viene de La Rusia. Al norte podría fijarse con facilidad en las Mesas de los Santos y Ruitoque, pasando el río Sube (Chicamocha en la lengua de sus vecinos), e incluso hasta el curso medio del río del Oro. Al occidente los límites estarían en las cotas altas dé la cuenca del río Suárez, mientras que al oriente se pueden elegir las cotas bajas de los ríos Pienta-Fonce, Mogoticos y el Sube en sentido estricto, ya que las cabuyas del Chicamocha eran patrimonio de Chitareros y Muiscas.

El Poblamiento

Para el tamaño de la etnia Guane al momento de su conquista sólo se dispone de la información de Juan de Castellanos, controvertida por los datos de su rápida desaparición por mestización, enfermedades, violencia, la ausencia de grandes aldeas, el reducido tamaño de los cementerios hallados y la alta tasa de mortalidad infantil. Resulta así difícil creer en unos 180.000 habitantes, en la llamada Provincia de Guane, que resultaría del cálculo mínimo del contenido humano de las "treinta mil casas pobladas, a dos y tres vecinos cada una y en ellas sus mujeres y sus familias", que describió el cronista. Los hallazgos arqueológicos parecen desmentir la idea de que esta Provincia hubiese sido un "manantial de naturales".

Conformación Social

Se puede constatar la diferenciación social que existía al interior de la etnia. Cada comunidad estaba encabezada por un "cacique" y varios "capitanes", cuyos nombres han sobrevivido como toponímicos de veredas y aún municipios. En ellos recaía la función de organización del trabajo social y distribución de sus frutos, así como de la defensa del territorio y sus recursos. El sentimiento de adhesión de todos los indios a estas comunidades jerarquizadas era tan fuerte que logro sobrevivir a las movilizaciones de larga distancia, impuestas por la generación de la renta de encomenderos españoles y a las fugas hacia el nuevo grupo emergente de los mestizos: en las congregaciones de pueblos que fueron realizadas cuatro generaciones después de la conquista, pudo reconstruirse en forma de "parcialidades" ese sistema de cohesión social. La producción de la renta de las encomiendas en la Provincia de Guane, entregada en forma de servicio personal a las empresas de los colonos españoles o en forma de abastos a la minería, no habría sido posible sin esta diferenciación social.

Etapas de Desarrollo Cultural

La historia de la vida cotidiana de los Guanes no debe olvidar la hipótesis de los dos estadios del desarrollo cultural: en el primero (siglos Vlll a XIl) habían predominado los elementos afines a los grupos del oriente (Orinoquia, Andes venezolanos, Cuenca de Maracaibo), de donde posiblemente llegaron antes de instalarse en el territorio descrito. Su utillaje era entonces reducido, sus enterramientos en fosas sencillas, sus adornos los clásicos collares de cuentas de caracol y concha, y acaecían las deformaciones craneales intencionales. En el segundo (siglos XIII-XVI) se habrían impuesto los elementos afines a la etnia muisca del sur, con quienes intercambiaban intensamente producciones, y con los grupos del Magdalena Medio. El utillaje era entonces más amplio, la cantidad de objetos de alfarería mayor, en desmedro de su calidad; los enterramientos de pozo y cámara lateral, y mayor la producción y artesanía del algodón.

Pero, pese a las diferencias en los énfasis de los dos estadios del desarrollo social, la vida cotidiana estaba signada por el trabajo. Los hombres y mujeres Guanes labraban la tierra e incluso la regaban con acequias, produciendo maíz, fríjol, yuca, ají, arracacha, coca, algodón y fique. Con la misma tierra producían la cerámica requerida para sus necesidades domésticas, gracias a sus conocimientos del horneado de la arcilla modelada.

Cada producto de la agricultura era reelaborado en las casas para producir vestidos de blanco algodón (mantas, fajas, gorros, mochilas) tejidos en tonos ocres y rojizos, o dibujados con pinceles o rodillos de piedra. El fique era trenzado para producir cabuyas que incluso les permitían cruzar con menos peligro los ríos y quebradas. La hoja de coca era procesada y combinada con el carbonato de calcio, extraído por trituración de conchas y caracoles, para el consumo cotidiano; al igual que del maíz, fríjol, ají y yucas se derivaban las preparaciones alimenticias.

Lucían al cuello collares de cuentas de caracol, huesos y amonitas fósiles, quizás recogidas en los sitios donde aflora el lecho del mar cretácico y en la cabeza gorros o penachos de plumas. Empleaban lanzas y propulsores de chonta, así como hondas para la caza de las pequeñas especies que les proveían algo de proteína: venados, armadillos, aves, iguánidos, murciélagos, cangrejos y caracoles. Soplaban caracoles, flautas de carrizo o hueso, ocarinas de barro y zampoñas para emitir diversos sonidos con sus particulares sentidos.

Finalmente, inhumaban a sus muertos en los espacios domésticos, muchas veces en excavaciones de pozo y cámara lateral. Se trataba entonces de una configuración social que, como la nuestra, intentaba resolver todos los problemas de la reproducción de la vida mediante el trabajo y la interdependencia de los individuos.

Tomado de: Memoria del Pueblo Guane. Cartilla Inventario Patrimonial. Bucaramanga: Fondo mixto para la promoción de la cultura y las artes de Santander, 1995.