13 jul. 2009

LOS PRIMEROS INDIOS GUANE - HALLAZGOS EN EL SITIO PALOGORDO




En primer plano, el sitio Palogordo, Vereda El Espinal, Municipio de Villanueva. Panorámica actual del sitio donde se realizó la excavación de Lleras y Vargas. Al fondo se observa la Mesa de Los Santos, al otro lado del río Chicamocha.
«PALOGORDO - La prehistoria de Santander en los Andes Orientales»


(Fragmentos del informe)
Por: ROBERTO LLERAS PÉREZ y ARTURO VARGAS ESCOBAR.



(...)

Gracias a las investigaciones arqueológicas realizadas tenemos un panorama parcial de la vida en una aldea Guane en el período que hemos denominado temprano y que está comprendido entre los siglos IX y XII de nuestra era.
Las viviendas se organizaron en forma dispersa sobre áreas muy extensas utilizando las escasas áreas planas correspondientes a las terrazas del cañón del río Chicamocha, en el cual prima un clima árido con vegetación subxerofítica y condiciones muy deficientes para el desarrollo de las labores agrícolas; este, no obstante, brinda la posibilidad de un rápido acceso a diferentes pisos térmicos, desde el cálido en las terrazas inferiores a la orilla del río hasta el templado en las mesetas de Barichara y Los Santos. La ubicación sobre el cañón del Chicamocha les permitió además una comunicación rápida con las diversas etnias chibchas asentadas en esta región que se ha denominado, con razón, como una área de confluencia.

Parece que inicialmente el terreno sobre el cual se construyeron las viviendas no recibió una adecuación especial; la posterior acumulación de desechos sobre el piso de la vivienda elevó el nivel de este, dando lugar a la creación de plataformas cuya elevación sobre el terreno circundante puede alcanzar los 50 cm. En la actualidad las plataformas se han erosionado en el perímetro presentando el aspecto de montículos redondeados. Los habitantes de la aldea enterraron a sus muertos dentro del espacio doméstico sin que esto conllevara el abandono temporal o permanente de la vivienda; solamente se produjo el desplazamiento de las áreas de actividad doméstica hacia sectores no ocupados por enterramientos. No se detectaron tampoco dentro de la vivienda áreas que evidenciaran una actividad específica sino que, por el contrario, la talla de piedra, concha y hueso y uso de cerámica se realizó indistintamente en toda el área.

No poseemos mayor información respecto al tipo físico de los habitantes de Palogordo; solo podemos inferir, con base en los escasos restos óseos, una estatura media y una complexión mas bien delgada. Sorprende la proporción de enterramientos correspondientes a niños y jóvenes, lo cual podría interpretarse como evidencia de una mortalidad inusualmente alta en los grupos de edad que van de 0 a 20 años. No obstante, la población analizada es muy pequeña y los datos sobre edad no suficientemente confiables como para poder asegurar la existencia de un fenómeno de este tipo. Aún así, cabe señalar que las condiciones nutricionales no debieron ser ventajosas: hay, sin duda, una relativa escasez de tierras agrícolas vecinas y, sorprendentemente algunas tierras planas cercanas no se utilizaron en absoluto. Ciertamente se consumió maíz en varias formas y otros granos y tubérculos como lo demuestra la existencia de metates y otros instrumentos líticos para triturar, pero no aparecen estos artefactos en las cantidades que podrían esperarse cuando existe un consumo masivo.

Las necesidades de proteínas animales fueron suplidas mediante la cacería y recolección de algunas especies, aun cuando el repertorio existente en el registro arqueológico es restringido y se dejaron de utilizar algunas especies que existían en la región desde esa época, tales como el conejo y el fara, entre otros. Una de las presas de caza más frecuentemente utilizada fue el venado de cola blanca; complementariamente se consumieron ratones, pequeñas iguanas, aves y cangrejos. Se recolectaron y consumieron en abundancia los caracoles terrestres, cuya presencia es indicativa de plagas que pudieron afectar las cosechas.

Fragmentos de huesos y esqueleto dérmico de armadillos así como conchas de caracol fueron usados para tallar artefactos y adornos personales. En este tipo de industria, así como en la lítica la característica principal es la elaboración expeditiva de artefactos sin retoques a los cuales sólo se les realizaron las modificaciones indispensables para adaptarlos al uso. En la industria lítica hay una moderada cantidad de artefactos multifuncionales cuya elaboración es igualmente tosca.

Al morir los habitantes de Palogordo no llevaron a sus sencillas sepulturas prácticamente ningún objeto; solamente en uno de los casos se encontró un collar formado por cuentas de diversos materiales como ajuar. Los no-natos o neonatos que murieron fueron colocados dentro de vasijas domésticas con huellas de uso, otros individuos jóvenes se acompañaron de fragmentos, más o menos grandes, de vasijas también domésticas. Casi invariablemente los individuos se enterraron en dirección este-oeste y en posición flexada.

No hay, tampoco, en el registro arqueológico evidencias que nos indiquen que este sencillo modo de vida aldeano se vio, en alguna forma, afectado por la influencia de culturas externas. Esto no quiere decir, por supuesto, que la aldea de Palogordo estuviese aislada del contexto cultural del área Guane o del complejo de los Andes Orientales ya que las características del material cerámico han permitido aclarar estos nexos y situar dentro del panorama arqueológico regional la prehistoria de esta zona.

En la extensa región que se ha ido conociendo dentro de la literatura arqueológica como Andes Orientales, dos regiones extremas han sido investigadas en detalle: el altiplano cundiboyacense y la parte central de la Sierra Nevada de Mérida (especialmente la cuenca del río Chama). Al intentar comprender en conjunto esta cadena de culturas relacionadas lingüísticamente es importante tener información sobre todas ellas y, en especial sobre las que ocupan lugares geográficos intermedios. La región de los cañones del Chicamocha, Suárez y Fonce y las mesetas de Barichara, Los Santos y Bucaramanga, ocupada desde aproximadamente en el siglo IX por la etnia Guane, es precisamente una de esas áreas intermedias cuyo estudio reviste tanta importancia.

En un artículo anterior (Lleras, 1989 b) se esbozó la idea de la existencia de dos diferentes fases de desarrollo en el período Guane; una fase temprana que se inicia alrededor del siglo VIII o IX d. C. y dura hasta el siglo XIII y una fase tardía que arranca a partir de ese momento y dura hasta la época de la conquista española en el siglo XVI. Estas fases pueden detectarse con claridad en la cerámica arqueológica que se divide en dos grandes complejos, el temprano y el tardío, cuya cronología, características tecnológicas y formales y distribución espacial son claramente diferenciables.

(...) (... Hay textos que no se han incluido aquí...)

En Santander los dos grandes complejos cerámicos y las dos fases que ellos definen, representan a nivel regional la prehistoria de los Andes Orientales. En la primera fase, que hemos denominado Guane temprano, es evidente un estrecho parentesco con la cerámica del patrón andino venezolano y con el complejo Ranchoide (Ardila, 1988). En especial el tipo Los Santos Carmelito burdo presenta notables similitudes con la cerámica doméstica procedente de la parte alta de la Sierra Nevada de Mérida; también se pueden correlacionar algunas de sus características, en especial el borde doblado con los tipos domésticos del Complejo Portacelli cuyas fechas son algo más antiguas. La mayor antigüedad de una cerámica relacionada (Portacelli en el complejo Ranchoide) en la península de la Guajira y cuenca del lago de Maracaibo parece apoyar la idea de una migración de los grupos chibchas a partir de las tierras bajas del litoral Caribe hacia los Andes Colombo-Venezolanos en la segunda mitad del primer milenio de nuestra era. También la cerámica ceremonial del complejo Guane temprano (Villanueva Ocre sobre Crema-negro) guarda relaciones con complejos y tipos de las tierras bajas del litoral caribe y la Serranía de Mérida; en este caso con el tipo Cocos Blanca pintada del Complejo Ranchoide y con la Serie Tierroide en Venezuela.

La segunda fase o Guane tardío muestra una muy fuerte influencia del complejo Muisca cuya área de dispersión situada inmediatamente al sur se sobralapa con frecuencia con la de éste. Se conservan, por supuesto, elementos importantes del complejo temprano y es posible, incluso, que el tipo Los Santos Carmelito burdo se siguiera manufacturando en una forma ligeramente modificada como cerámica doméstica: será necesario clarificar este asunto mediante la excavación de sitios de habitación tardíos. Parece ser que la mica, incluida en la pasta o en un baño de agua arcillosa, desaparece como elemento decorativo y desgrasante, pero las formas y los motivos básicos de decoración del tipo Los Santos Micáceo fino son adoptados por el tipo Chicamocha Inciso-impreso que se hace extremadamente popular y amplía su dispersión sobre una extensa región (ver Pérez, en proceso). Del tipo Villanueva Ocre sobre crema-negro al Oiba Rojo sobre Rojo-naranja se transfieren algunas de las formas principales (múcura, copa) aún cuando el tipo tardío registra una mayor variedad y experimentación en las formas. También hay una notable continuidad en la técnica y motivos decorativos. En el aspecto en que se registra un cambio más fuerte es en las condiciones de manufactura: hay un drástico retroceso en el control de las condiciones de cocción pasando de una cerámica muy dura y compacta a una frágil, laminar y erosionable.

La transición entre el Guane temprano y el tardío debió operarse en una forma gradual, aun cuando todavía no tenemos evidencias atribuibles a una época de transición. Alrededor de finales del siglo XIII se dejaron de manufacturar los tipos Micaceos y Villanueva Ocre sobre Crema-negro y se inició la producción del Oiba Rojo sobre Rojo-naranja y el Chicamocha Inciso-impreso. Simultáneamente cambió el patrón de enterramiento pasando de las tumbas de fosa sencilla a las tumbas de pozo y cámara lateral y los enterramientos comenzaron a ser acompañados de un ajuar más abundante. Es probable que el cambio se registrara también a nivel de la industria textil como parecen probarlo algunos hallazgos recientemente fechados.

La transición al período tardío también representó para la etnia Guane una expansión territorial y el dominio compartido de sectores extraterritoriales (Lleras, 1989 a). A la vez se operó un cambio en la dirección predominante de intercambio y contacto cultural; en el Guane temprano son, como ya mencionamos, fundamentales las relaciones con las regiones al norte y oriente (Macizo de Santurbán, Guajira, Cuenca de Maracaibo, Sierra Nevada de Mérida y Sierra Nevada del Cocuy). Por el contrario en el Guane tardío los hallazgos arqueológicos y los datos etnohistóricos muestran una fuerte relación con el valle del Magdalena por el occidente y con el altiplano cundiboyacense por el sur. Un cambio así podría explicarse por la atracción que habrían generado en la fase temprana el norte como foco de migración y en el período tardío el sur como centro de la etnia chibcha de mayor poder y desarrollo: la muisca.

La hipótesis aquí planteada es, por supuesto, tan solo una primera aproximación a la interpretación del muy complejo panorama cultural de los Andes Orientales en uno de sus sectores. Lo más importante, por ahora, es desechar los esquemas simplistas que han primado y según los cuales sólo ha existido un período Guane, homogéneo e inalterado de principio a fin. La comprensión de cómo se desarrollaron estos cambios en los territorios Chitarero y Lache permitirá complementar el cuadro del desarrollo de los Andes Orientales.

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