26/10/2008

PRELIMINAR HISTORIA DE LA ETNIA GUANE

Por: Armando Martínez Garnica

Doctor en Historia. Docente de la Universidad Industrial de Santander

A los cronistas españoles que se avecindaron en las ciudades de Tunja y Santafé durante el primer siglo del transtierro hispano a las tierras neogranadinas debemos las primeras noticias sobre la fisonomía y la .configuración social de la etnia Guane. Es bien conocido el verso del beneficiado de Tunja, don Juan de Castellanos, según el cual los Guanes:

"tienen disposición y gallardía,/

y es gente blanca, limpia, curiosa,/

los rostros aguileños, y facciones/

de linda y agraciada compostura;/

y las que sirven a los españoles/

es de maravillar cuan brevemente/

toman el idioma castellano,/

tan bien articulado los vocablos/

como si les viniera por herencia".

Parafraseando de variados modos a esos cronistas españoles, los historiadores han repetido las escasas noticias disponibles sobre uno de los grupos étnicos más singulares de cuantos habitaban en el actual territorio de Santander en el momento en que se produjo la llegada de los soldados españoles.

Siglos más tarde, a partir de la década de 1940, cuando los hermanos Bárcenas descubrieron accidentalmente la cueva de Indios en la Mesa de los Santos, un grupo de investigadores, arqueólogos e historiadores comenzaron a abrir el archivo de la tierra para rescatar vestigios que dieran fe de la existencia de la etnia Guane. Fue entonces cuando el profesor Justus Wolfram Schottelius (1892-1941), Conservador de Arqueología del Museo Nacional, realizó la primera prospección científica en el cementerio indígena de los Santos y elaboró un valioso informe que se constituyó en la pieza clave para los futuros estudios llevados a cabo por los historiadores: Martín Carvajal Bautista, Mario Acevedo Díaz, Horacio Rodríguez Plata, Gabriel Giraldo Jaramillo, Miguel Such Martín e Isaías Ardila Díaz. Treinta años después (1970-1972), el equipo de arqueólogos dirigido por Donald Sutherland realizó exploraciones en una amplia zona del área Guane vecina de San Gil. Las prospecciones se ampliaron con los trabajos llevados a cabo por los arqueólogos Gilberto Cadavid, Jorge Morales, Alvaro Chaves Mendoza, Arturo Vargas y Roberto Lleras. Finalmente en 1988 el hallazgo de la Cueva de El Conde notificado por Humberto Castellanos a la Academia de Historia de Santander, permitió rescatar 95 fragmentos de material textil, los 'cuales fueron analizados por la antropóloga Marianne Cárdale de Schrimpff y la restauradora Emilia Cortés.

El esfuerzo mancomunado de muchas personas no ha sido en vano, pues el acopio de las nuevas fuentes arqueológicas está propiciando la escritura de una historia más científica de la etnia Guane. Hasta ahora, los residuos humanos y culturales de los Guanes han sido extraídos de la Mesa de los Santos (Los Indios, El Conde, El Duende, La Loma), de sitios diseminados de inhumación de cadáveres (Curití, Barichara, Guapotá, Oiba, Charalá, Encino) y de asentamientos identificados (Los Teres, Garbanzal, San Rafael y Ventorrillo en la Mesa de los Santos, y Palo Gordo en Villanueva). En donde se han encontrado, en primer lugar, cráneos y huesos humanos, cuyo examen arqueobiológico (José V. Rodríguez, 1991) ha permitido identificar la rara fisonomía de los Guanes. También gran cantidad de residuos cerámicos, cuya tipología ha sido reducida por los arqueólogos (Lleras y Vargas, 1990) a seis clases agrupadas en dos estadios del desarrollo social.

Por otra parte, se han rescatado 214 fragmentos de tejido de algodón, fique y cabello humano, entre los cuales sobresalen mantas tejidas o pintadas, gorros, mochilas, fajas y fardos. Dos muestras de tejido procedentes de la Cueva El Conde (Mesa de los Santos), sometidas al análisis de la prueba de carbono radiactivo (C14) arrojan como fecha de factura los años 1090 y 1450 d.C.

También se han registrado gran cantidad de dibujos rupestres, cuya explicación sigue siendo un enigma por resolver. En muchos sitios se han localizado abundantes artefactos de piedra para el trabajo doméstico y objetos de la artesanía doméstica. Por último la distribución de las huellas de viviendas indican que la pauta del asentamiento de los Guanes era la de viviendas dispersas en áreas muy extensas. En los fogones domésticos se han localizado las huellas de sus fuentes básicas de proteína animal: venado de cola blanca, armadillo, ratón, aves, iguánidos, cangrejos y caracoles. A ellas debe agregarse la ingestión de hormigas culonas que registraron los cronistas.

El Aspecto Físico

El aspecto físico de los Guanes era singular si se le compara con todos sus vecinos, pero especialmente con quienes hasta ahora se consideraban bastante afines: los Muiscas del sur de su territorio. La rareza del Guane es su caja craneal demasiado baja, su rostro poco ancho y perfilado, dada la nariz aguileña y angosta, así como unos pómulos menos sobresalientes si se comparan con los de los demás grupos vecinos. Los arqueobiólogos designan este conjunto de rasgos con la palabra caucasoide, ligada a la cual está una piel con baja pigmentación ("blanca") y una estatura más grácil y elevada. Como defecto, la dentadura típica del guane presenta mayor índice de caries que la de un muisca. Por estas características morfológicas de la cara y su nariz, el grupo caucasoide llamado Guane es único en el territorio colombiano de los tiempos prehispánicos. La hipótesis biológica que se ha empleado para interpretar a esta peculiaridad de los rasgos "guanoides" se funda en la idea de una deriva genética que habría sido propiciada por una población relativamente poco densa en un territorio naturalmente aislado, la cual habría hecho saltar y fijar en este grupo los genes caucasoides que lo definen.

La Lengua

El tema de la lengua de los Guanes, cuya sobrevivencia está apenas constituida por decenas de toponímicos y apellidos, sigue siendo un enigma. La propia palabra guane que nombra a este peculiar grupo étnico seguramente no pertenecía a su lengua. Los guías muiscas que guiaron a las huestes de Martín Galeano probablemente introdujeron la costumbre de consultar el vocabulario chibcha para asignar los contenidos semánticos a las palabras guanes.

Desafortunadamente, fray Alonso Ortiz Galeano O.P. se llevó a la tumba el saber lingüístico que su nodriza guane, le había enseñado cuando lo crió en el Río del Oro. Así pues, a menos que sea encontrado algún vocabulario o gramática de esta lengua cualquier interpretación es solamente un acertijo.

El Territorio

Los límites del territorio ocupado por los Guanes cuando fueron encontrados por los españoles, pueden fijarse: por el sur, con el curso del río Oibita, prolongando imaginariamente sus extremos hacia la quebrada Macaligua; al occidente y al oriente, por el curso alto del río Pienta, justo allí donde recibe los caudales del río Guacha y la quebrada que viene de La Rusia. Al norte podría fijarse con facilidad en las Mesas de los Santos y Ruitoque, pasando el río Sube (Chicamocha en la lengua de sus vecinos), e incluso hasta el curso medio del río del Oro. Al occidente los límites estarían en las cotas altas dé la cuenca del río Suárez, mientras que al oriente se pueden elegir las cotas bajas de los ríos Pienta-Fonce, Mogoticos y el Sube en sentido estricto, ya que las cabuyas del Chicamocha eran patrimonio de Chitareros y Muiscas.

El Poblamiento

Para el tamaño de la etnia Guane al momento de su conquista sólo se dispone de la información de Juan de Castellanos, controvertida por los datos de su rápida desaparición por mestización, enfermedades, violencia, la ausencia de grandes aldeas, el reducido tamaño de los cementerios hallados y la alta tasa de mortalidad infantil. Resulta así difícil creer en unos 180.000 habitantes, en la llamada Provincia de Guane, que resultaría del cálculo mínimo del contenido humano de las "treinta mil casas pobladas, a dos y tres vecinos cada una y en ellas sus mujeres y sus familias", que describió el cronista. Los hallazgos arqueológicos parecen desmentir la idea de que esta Provincia hubiese sido un "manantial de naturales".

Conformación Social

Se puede constatar la diferenciación social que existía al interior de la etnia. Cada comunidad estaba encabezada por un "cacique" y varios "capitanes", cuyos nombres han sobrevivido como toponímicos de veredas y aún municipios. En ellos recaía la función de organización del trabajo social y distribución de sus frutos, así como de la defensa del territorio y sus recursos. El sentimiento de adhesión de todos los indios a estas comunidades jerarquizadas era tan fuerte que logro sobrevivir a las movilizaciones de larga distancia, impuestas por la generación de la renta de encomenderos españoles y a las fugas hacia el nuevo grupo emergente de los mestizos: en las congregaciones de pueblos que fueron realizadas cuatro generaciones después de la conquista, pudo reconstruirse en forma de "parcialidades" ese sistema de cohesión social. La producción de la renta de las encomiendas en la Provincia de Guane, entregada en forma de servicio personal a las empresas de los colonos españoles o en forma de abastos a la minería, no habría sido posible sin esta diferenciación social.

Etapas de Desarrollo Cultural

La historia de la vida cotidiana de los Guanes no debe olvidar la hipótesis de los dos estadios del desarrollo cultural: en el primero (siglos Vlll a XIl) habían predominado los elementos afines a los grupos del oriente (Orinoquia, Andes venezolanos, Cuenca de Maracaibo), de donde posiblemente llegaron antes de instalarse en el territorio descrito. Su utillaje era entonces reducido, sus enterramientos en fosas sencillas, sus adornos los clásicos collares de cuentas de caracol y concha, y acaecían las deformaciones craneales intencionales. En el segundo (siglos XIII-XVI) se habrían impuesto los elementos afines a la etnia muisca del sur, con quienes intercambiaban intensamente producciones, y con los grupos del Magdalena Medio. El utillaje era entonces más amplio, la cantidad de objetos de alfarería mayor, en desmedro de su calidad; los enterramientos de pozo y cámara lateral, y mayor la producción y artesanía del algodón.

Pero, pese a las diferencias en los énfasis de los dos estadios del desarrollo social, la vida cotidiana estaba signada por el trabajo. Los hombres y mujeres Guanes labraban la tierra e incluso la regaban con acequias, produciendo maíz, fríjol, yuca, ají, arracacha, coca, algodón y fique. Con la misma tierra producían la cerámica requerida para sus necesidades domésticas, gracias a sus conocimientos del horneado de la arcilla modelada.

Cada producto de la agricultura era reelaborado en las casas para producir vestidos de blanco algodón (mantas, fajas, gorros, mochilas) tejidos en tonos ocres y rojizos, o dibujados con pinceles o rodillos de piedra. El fique era trenzado para producir cabuyas que incluso les permitían cruzar con menos peligro los ríos y quebradas. La hoja de coca era procesada y combinada con el carbonato de calcio, extraído por trituración de conchas y caracoles, para el consumo cotidiano; al igual que del maíz, fríjol, ají y yucas se derivaban las preparaciones alimenticias.

Lucían al cuello collares de cuentas de caracol, huesos y amonitas fósiles, quizás recogidas en los sitios donde aflora el lecho del mar cretácico y en la cabeza gorros o penachos de plumas. Empleaban lanzas y propulsores de chonta, así como hondas para la caza de las pequeñas especies que les proveían algo de proteína: venados, armadillos, aves, iguánidos, murciélagos, cangrejos y caracoles. Soplaban caracoles, flautas de carrizo o hueso, ocarinas de barro y zampoñas para emitir diversos sonidos con sus particulares sentidos.

Finalmente, inhumaban a sus muertos en los espacios domésticos, muchas veces en excavaciones de pozo y cámara lateral. Se trataba entonces de una configuración social que, como la nuestra, intentaba resolver todos los problemas de la reproducción de la vida mediante el trabajo y la interdependencia de los individuos.

Tomado de: Memoria del Pueblo Guane. Cartilla Inventario Patrimonial. Bucaramanga: Fondo mixto para la promoción de la cultura y las artes de Santander, 1995.