18 ene. 2008

La leyenda de "Uday, el cazador"

La leyenda del cazador

Por Ernesto Valderrama Benítez*

Los cuadrilleros aplicaban la ley de Bayona a los indios lavadores cuando no daban rendimiento. El castigo consistía en amarrar al paciente de los dedos pulgares de las manos y suspenderlo de una cuerda, de modo que la punta de los pies tocara apenas el suelo. La pena de azotes era la más común y corriente. Después de la flagelación el paciente recibía una fricción de orines, sal y ají. Cuando se trataba de un caso de fuga, al penado se le colocaban grillos o se le mandaba al cepo por un tiempo prudencial. Para no caer en éstas y otras humillaciones, los indígenas se ocultaban en lugares apartados, donde acechaban la oportunidad para tomar venganza contra sus opresores.

Un guane que habitaba en Bucarica tuvo noticia de que los blancos preparaban una excursión para atrapar indios con destino al laboreo de las minas. Enterado de la inminencia del peligro que amenazaba a los de su raza, los advirtió por medio de agudos silbos. A estas señales siguieron otras que fueron escuchadas y a su vez transmitidas para que los terrígenas se aprestaran a la defensa. Cuando el caracol anunció que el momento fatal había llegado, encontró prevenido a Suday, cazador de fama, quien tenía su vivienda en una cueva del paramillo y los sembrados en las vertientes de la Mesa de Ruitoque.

Antes de partir, el cazador llamó a su hijo y le dijo: -“Uday, vela por tu madre. Sé bueno con ella y serás feliz.” Y se alejó de la caverna, mientras el canto del tres-tres presagiaba el vencimiento en la lucha y acaso la muerte. Así lo comprendieron y, resignados, aceptaron en silencio lo inevitable.

En la guazábara el comportamiento de Suday estuvo a la altura de su fama, hasta caer acribillado por el fuego de los arcabuces. Días después, madre e hijo supieron de la lucha heroica sostenida por Suday. Y mientras el odio contra los intrusos que mataron al cazador tomaba impulso en su pecho, la enamorada Udi fue adquiriendo mortal palidez, las fuerzas terminaron por abandonarla y se fue a reunir con su esposo en la mansión de los muertos. El tres-tres dejó nuevamente oír su canto misterioso.

Uday sintió en carne viva el hondo pesar, el vacío irremediable que da la ausencia de los seres queridos. La aflicción se apoderó de él; lo tornó taciturno, melancólico y a veces impaciente y airado. Para distraerse pasaba las horas del día vagando a la ventura. Por las tardes, sentado a la entrada de la cueva, rememoraba los tiempos idos; un velo de tristeza cubría su soñadora faz. Rumiando recuerdos le sorprendió la luna que iluminaba pálidamente el ambiente. El frío de la ventisca le impelía a penetrar en la caverna, en cuyo fondo, muy cerca de cantarina fuente, le esperaba un hacinamiento de musgos y de pajas que le servirían de lecho.

Una noche palpitante de estrellas, sintió el adolescente cazador deseos de huir, de romper el silencio. Como un autómata abandonó la caverna; atravesó el bosque; siguió el curso de una quebrada y al llegar al valle oyó una voz clara y timbrada que lo llamaba con cariño; era un anciano de blanca y florida barba, de rostro venerable y mirada apacible que estaba sentado en un añoso tronco. A sus pies, un perrillo blanco escudriñaba el horizonte...

Uday avanzó resueltamente hacia el anciano, quien al oír pronunciar el nombre de Suday, sintió por el huérfano cariño y complacencia porque se hallaba ante el hijo del héroe que había muerto en defensa de la libertad de su pueblo. El de la blanca y florida barba interrogó largamente a Uday acerca de los pensamientos que bullían en su cerebro y le aconsejó que no abandonara sus lares y que como cazador persiguiera de noche a los animales enemigos del hombre. El adolescente oyó con atención al anciano y le prometió por la luna y las estrellas y los huesos de sus padres, cumplir todas sus recomendaciones. Uday regresó a Ruitoque llevando consigo el blanco perrillo que le obsequió el anciano.

Desde entonces, en las noches silenciosas, cuando la tiniebla es algo más que la sombra, rompe el silencio el silbo del cazador que anima a su perrillo allá, por entre los ásperos desgarrones de los peñascos donde se repercuten el eco del conjuro que infunde pavor en las bestias feroces y las obliga a refugiarse en sus guaridas. Y es porque Uday, el hijo de Suday, tiene la virtud de velar por las sementeras, de proteger al débil y de guiar al viajero durante la noche. Los campesinos reconocen su benéfica influencia, y los caballos piafan y los perros responden a la llamada del cazador. Los montañeses anhelan la presencia de Uday,. como tiemblan de pavor, maldicen e insultan al Silbón cuando, montado en siniestra nube, pasa huracanado desgajando árboles y tronchando las sementeras que a su paso encuentra...

El paramillo de Ruitoque, distante tres cuartos de legua al sur de la quebrada del mismo nombre, y a mayor altura de ésta, era considerado como almácigo de aguas dulces por los españoles desde el año de 1682, cuando fue reconocido como perteneciente a la jurisdicción de San Juan de Girón. Ese territorio fue recorrido y estudiado por una comisión en el año de 1685 y del informe rendido que reposa en los archivos coloniales de la vieja ciudad, se viene en conocimiento, dice don Francisco Serrano Muñoz, miembro correspondiente del Centro de Historia de Santander, “que en la cabecera de un bosque de guaques y arrayanes que hay en la sabana del paramillo de Ruitoque, se encuentra la cueva del indio, dentro de la cual, a cincuenta metros de la puerta de entrada, corre un chorro de cuatro decímetros de diámetro, en longitud de diez metros; que luego se resume y reaparece en el bosque, por entre enormes lajas, dando origen a la quebrada de la Carbonera”, y acaso a esta página legendaria que en noche de zafra nos contó, en rueda de amigos, un trapichero en Floridablanca, al supuesto paso del cazador.



* VALDERRAMA BENÍTEZ, Ernesto. Real de minas de Bucaramanga 1547-1947. Bucaramanga, Imprenta del departamento, 1947. p. 69-72.

4 comentarios:

Luis Carlos Abril dijo...

Muy agradable leer estas leyendas de nuestra tierra. Vivo en el valle de Ruitoque y me gustaria saber si alguien sabe el origen de este nombre? pues de lo que he leido sismpre se menciona el sitio y la quebrada del mismo nombre o se conoce como "mesa de las tempestades", pero desconozco el origen del nombre. Muchas gracias

Jhorman Diaz dijo...

los heroes de una tradicion ,una tierra magica al lado nuestro.
me gustaria encontrar mas literatura de este tipo,respecto a los guane.ust podrian darme alguna inf. agradesco sus aportes.

Unknown dijo...

Gracias me sirvió muchooool

Fredy Antonio Galeano Peña dijo...

Gracias me sirviooo XD